"Pasamos diez estupendos días en la masía. Tiempo suficiente para tranquilizarme y para elaborar un plan que nos alejara de todo. Un plan que supusiera empezar una nueva vida para mi hijo y para mí. No tenía que dejar que la conciencia fuera más fuerte que yo. Ya habría tiempo para el análisis y el arrepentimiento. Mi cerebro era un buen engranaje y funcionaba a pleno rendimiento. No podía, ni debía, bajar la guardia. Estaba metido en una película, y por una vez yo era el protagonista. Debía pensar como tal, fríamente y con los cinco sentidos. Tenía un hijo pequeño. Él era mi objetivo, él tenía que salvarse del pasado..."
Fragmento del capítulo (La huida) de : "Lo que ya no vuelve" editorial: Terra Ignota

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